Cuando Sue encontró a Breanna

Caía la noche sobre Washington, capital del imperio, cuando la bocina retumbó sin compasión en el EagleBank Arena, casa de las Washington Mystics, recién coronadas subcampeonas de la WNBA. Seattle Storm acababa de conseguir el tercer anillo de su historia tras los dos milagros previos en 2004 y 2010, situándose así como la cuarta franquicia junto a Sparks, Mercury y Shock en cosechar tres entorchados, aún lejos de los cuatro que Lynx y Comets guardan en sus vitrinas. Las guerreras de Dan Hughes no saben hacía qué lado de la pista correr para celebrar un triunfo tan merecido como podemos decir que esperado.

El gran año de Seattle en regular season más la batalla física y mental a cinco partidos que se llevaron ante Taurasi en semifinales hacían prever que Washington sería un reto menor en la 22º edición de las Finales. Aún así, el GAME 2 en Seattle y la entrega demostrada por una físicamente mermada Delle Donne dejó patente el corazón de este equipo tan digno y superlativo a la vez.

Las cámaras apuntan a Breanna Stewart, reina absoluta de la mejor liga del mundo. Su 2018 pasará a la posteridad como una de las mayores exhibiciones de talento, físico e inteligencia táctica y emocional. MVP de la temporada regular, MVP más joven de la Finales, sexta jugadora en la historia que encadena ambos galardones en el mismo año y tercera jugadora en cerrar una serie final por el título con una actuación de 30 puntos o más. Una Amazona en el estrecho de Puget. Sin embargo, su mayor logro se encuentra a unos centímetros de ella. Lleva máscara y dice tener 37 años, aunque sus actuaciones en el parqué se empeñan en negarlo. Suzanne Brigit Bird.

Para Sue, los años dorados son parte del pasado en su cabeza. Aquel primer anillo de 2004, cuando era sólo una cría y tuvo que llevar una máscara puesta como si de una heroína se tratara, le parece haber sucedido en otro siglo. Hasta el triunfo de 2010 le queda lejano en sus recuerdos cuando cierra la noche del viernes con un trago solitario en el salón de su casa. Ella se ve con fuerzas de seguir en Seattle, pero cree que ganar un anillo, hoy por hoy, es una utopía demasiado grande. Dicen en la prensa que lo tiene hecho con las Liberty, que se va a Nueva York a intentarlo. También suena un viaje a Phoenix para reunirse con Taurasi en un súper equipo aspirante a todo. La gloria o el honor, le grita su cabeza durante las innumerables noches en vela. <<¿Quién eres, Suzanne? No te reconozco cuando te buscas en el espejo. ¿Dejar Seattle en un momento tan delicado? ¿Es que no has aprendido nada? Mira a esta gente a los ojos, llevan queriéndote toda la vida, les debes tus últimos años>>.

Cuatro veces ha tenido Seattle el primer pick del Draft (2001, 2002, 2015 y 2016), todas con un resultado magnífico, pero la elección de 2016 lo cambió todo. No descubrimos nada si decimos que Lauren Jackson fue una pieza clave para que las Storm se elevaran victoriosas en 2004 y 2010 o que Sue Bird es la persona más grande que ha pisado jamás Seattle. Pero, como todo en la vida, el núcleo duro se marchitó y empezaron a llegar las temporadas con más derrotas que victorias. Con la promesa en firme por parte de Sue de continuar para llevar a cabo la reconstrucción, la gerencia se puso manos a la obra para tratar de ganar el tercer anillo. El equipo se resignó a caer lo más bajo posible en la tabla de clasificación para elegir alto en el Draft.

Gracias a esta nueva política llegó Jewell Loyd desde Notre Dame en 2015, pero no explotó como pensaban en la franquicia. Otra temporada aciaga (10-24) les llevó a elegir de nuevo las primeras en el Draft, pero aquel año el premio era una Diosa a plazo fijo. Breanna Mackenzie Stewart. Posiblemente, la mejor jugadora que ha pasado por la NCAA. Ganadora de cuatro títulos en cuatro años con Uconn, Breanna estaba lista para deslumbrar al mundo y sostener el peso de Seattle sobre sus hombros y sus anhelos de anillo.

Breanna devolvió la sonrisa a Sue. Vio tal potencial en la chica que se reafirmó en su decisión de seguir en Seattle. En su primer año, Stewart llevó a las Storm a playoffs, aunque cayeron en primera ronda ante Atlanta. Fue elegida rookie del año con total claridad tras realizar una campaña fabulosa. En 2017, de nuevo visitaron la postemporada, volviendo a caer otra vez en primera ronda, esta vez ante las Mercury.

2018. El año de la bestia. Tras firmar un récord de 26-8 y una media de 21.8 puntos, 8.4 rebotes, 2.5 asistencias, 1.4 robos y 1.4 tapones por partido, Breanna estaba lista para recibir el galardón de MVP y abrazar el estatus de mejor jugadora del planeta. Con su plaza en semifinales garantizada, Seattle recibía a unas Mercury que venían de superar a Dallas y Connecticut en sendas primeras rondas, respectivamente. Mucho más rodadas en el todo o nada, Phoenix puso en serios apuros a Seattle en los dos primeros encuentros, los cuales cayeron del lado local con sufrimiento extremo. En Phoenix, Diana sacó su mejor versión para devolver la serie al quinto y fatídico encuentro. Con el partido muy favorable a las visitantes, apareció Suzanne.

Baja en el último tramo del GAME 4 por un codazo involuntario de Breanna, Bird salió a la pista 48 horas después con máscara, recordando así a su yo más joven de 2004. 14 puntos en los últimos 5:48 de partido tuvieron la culpa de que Seattle viajara a las Finales por tercera vez en su historia. Lo ves, Sue, iba a merecer la pena.

En la final dominó de principio a fin Seattle, gracias a la mujer de los ojos tristes. Breanna firmó la enésima exhibición de su vida para finiquitar la última batalla en tres partidos y dejar a Delle Donne encerrada en esa injusta planta donde van los perdedores. Fundidas en un abrazo eterno, Sue y Breanna se miran a los ojos sin decirse una palabra, no hace falta. Sue sabe que Breanna le ha devuelto la vida, y Stewart la mira como lo hacía Totó con Alfredo en ‘Cinema Paradiso’. En Seattle siempre se recordará 2018 como el año perfecto, pero lo que deben recordar es que hoy sonríen gracias a que, en la noche más amarga de su vida, Bird no tiró la toalla. El resto, como dicen, da igual. Long live the Storm.

 

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