Manifiesto

“There’s nothing better in Sports than a Game Seven”. La frase se atribuye al legendario Bill Russell, aunque ha sido repetida a lo largo del tiempo por infinidad de aficionados. El 20 de junio de 2013 sería tuiteada por el entonces presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, por poner un ejemplo reciente. Esa noche se disputaba en el American Airlines Arena el partido definitivo de las finales entre Miami Heat y San Antonio Spurs. Ése que vino precedido por aquel triple de Ray Allen. Lo cierto es que, haya sido o no Bill Russell el primer autor de la cita, sí que, en cierto modo, le corresponde. O le representa. Porque no ha habido nadie como Bill Russell en los séptimos partidos.

En su camino hacia los once anillos, en trece años, Russell tuvo que disputar nada menos que diez choques definitivos. Win or go Home… Los ganó todos. Desde el considerado por los más veteranos como el mejor partido jamás jugado (finales de 1957 vs. St. Louis Hawks, con resultado final, tras doble prórroga, de 125 a 123, en un duelo espectacular con Bob Petit), hasta su última aparición vestido de corto en una pista de baloncesto, ya con 35 años (finales de 1969 vs. Los Angeles Lakers, enfrentamiento que acabaría 108 a 106 favorable a los Celtics, superando al primer gran Big Three de la historia, el formado por Jerry West, Elgin Baylor y Wilt Chamberlain).

En el eterno debate sobre quién es el mejor jugador de todos los tiempos, Bill figura en un segundo escalón. A la sombra de Michael Jordan, LeBron James o Kareem Abdul-Jabbar. Sin embargo, si la pregunta sobre el tapete fuese otra, si la duda a despejar fuera descubrir al mayor ganador de todos los tiempos, Russell es The GOAT. Sólo dos de aquellos diez séptimos partidos se decidieron por una diferencia superior a cinco puntos. De éstos, hasta seis acabaron en márgenes de un máximo de dos puntos o en tiempos extra. Los promedios de Russell de esos enfrentamientos: 18,8 puntos y 29,3 rebotes. Ganar cuando importa. Al rival que sea. Grandeza. Excelencia. Sin fuegos artificiales.

Esta web toma su nombre en honor a esa excelencia, poniendo como referente a Russell, un jugador que sabía que era mejor haciendo mejor a los suyos. Así se consiguen los resultados. Nosotros nos aventuramos juntos porque sabemos que juntos somos mejores y porque tenemos una visión común al respecto de cómo debe ser tratado el deporte en general y el baloncesto en particular. Game Seven nace con un objetivo diferente. El propósito no será generar demasiado contenido, sino diferenciarse de lo ya existente. El enfoque no buscará el clic porque sí. El clic debe llegar a través de la calidad en la página. En nuestras cabezas, la idea de que prime esa calidad por encima de la cantidad. Y es que los boxscores o las crónicas exprés se pueden encontrar en cualquier parte. Esto no quiere decir que no vayamos a tratar la actualidad. Es uno de los objetivos. Pero lo haremos desde el punto de vista de la opinión. Nuestra intención es transmitir sensaciones, sentimientos, ya que no somos robots. Y haceros partícipes de ello. Es por esto que una de las secciones importantes llegará a modo de podcast. Debatiremos aquello que creamos necesario. No fijando un día en concreto. La intención es que sea en caliente. Así que no se sorprendan si una semana hay tres audios disponibles y la siguiente únicamente uno. Nuestro ritmo, en ese aspecto, lo marcará el día a día. Por otra parte, en la web y a modo de lecturas, habrá historias de siempre, relatos sobre momentos, jugadores o equipos que han escrito algún capítulo significativo digno de recuperar, de compartir. Porque también es justo decirlo, somos como somos y, aunque cada vez parezca más obsoleto, nos gusta escribir, no podemos evitarlo.

Además, existirá una sección que se saldrá del parqué para asomarse al verde, al cemento o a lo que nos pida el cuerpo. Porque, pese a que el baloncesto será el eje central de Game Seven, nos emocionan otros deportes. Y tener la libertad para escribir sobre ellos cuando nos venga en gana, que es uno de los porqués de esta aventura. Apuntado esto último, suponemos que procede explicar las razones que nos han llevado a tomar este nuevo camino

Bien, el periodismo, o tratar de hacer periodismo, en este caso, es hermoso. Pero, ¿hasta qué punto compensa? El mejor oficio del mundo, que dijo García Márquez, no siempre ofrece las mejores condiciones para ser ejercido. Ojo, esto no es una crítica hacia los medios de los que hemos formado parte. Nunca un texto nuestro ha salido sin desearlo, sin unas condiciones previas pactadas. Hemos sido afortunados, puesto que no hemos trabajado gratis o sin algún tipo de compensación. Y no hablamos de esto que venden los salvadores de la profesión, la visibilidad y todas esas cajas vacías. Es simplemente que llega un punto en el que sientes que te estancas. Es ése en el que entiendes que, o avanzas, o pierdes la ilusión. Sin ilusión la calidad decrece. Y cuando eso sucede, te conviertes en uno más. Si algo entendemos que nos ha diferenciado habitualmente es el cuidado que ponemos a cada pieza. Se trata de mantener el nivel que demandan aquellas personas que, tal vez debido al mismo, nos leen asiduamente. Pero, además, se trata también de libertad. Nosotros queremos seguir saltando a un campo de fútbol, una pista de tenis, un tablero de ajedrez o un cuadrilátero. Porque, en el pasado reciente, el feedback obtenido con algunos textos dedicados a otros deportistas que nada tienen que ver con el baloncesto ha sido, en ocasiones, abrumador. Y como no puede ser de otro modo, deseamos que se mantenga.

Por último, apuntar que el nacimiento de Game Seven no implica que desaparezca nuestra colaboración con otros medios. Estaremos siempre agradecidos por el camino recorrido junto y encantados de continuar formando parte de los mismos y dando pasitos de la mano. Eso sí, procede priorizar, por lo que nuestra frecuencia en ellos puede variar.

Explicado todo esto (que se suponía iba a ser más breve), únicamente daros la bienvenida a Game Seven. Deseamos que os guste tanto como a nosotros y que compartáis el viaje, ya no sólo como espectadores.

Here We Go!

Juanan Mota, Iván Libreros, Jacobo Correa, Iván Méndez.

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